domingo, 24 de junio de 2018

Ficha del recurso:

Fuente:

Vínculo original en expansion.com
I. C. / J. M.

Fecha de publicación:

sábado, 6 de septiembre de 2008

Última actualización:

lunes, 8 de septiembre de 2008

Entrada en el observatorio:

lunes, 8 de septiembre de 2008

Idioma:

Castellano

Archivado en:


Exabytes y gigaeuros para las grandes redes del futuro

Las infraestructuras de telecomunicaciones afrontan el enorme desafío de transportar volúmenes de datos que seguirán creciendo exponencialmente, lo que demandará inversiones millonarias para elevar su capacidad.

El volumen de información transportado por las redes de telecomunicaciones en la Unión Europea se ha multiplicado por seis, en los últimos cinco años, . De 2,5 exabytes en 2002, a 16 exabytes en 2007. Un exabyte son 10 elevado a 18 bytes, es decir mil millones de gigabytes.

Para que se entienda mejor su magnitud se puede considerar que un exabyte equivale a 50 millones de veces la información almacenada en la Biblioteca del Congreso de EEUU. En los próximos cinco años esta cifra se multiplicará por diez veces.

La inevitabilidad de esta progresión geométrica y de adecuar las redes en todo el mundo para hacer frente a este desafío fue la principal coincidencia y conclusión de los asistentes al seminario que tuvo lugar esta semana, organizado por Aetic, en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander.

Este crecimiento exponencial en el tráfico de las redes obedece al creciente uso del vídeo por Internet o de los sistemas de televisión digital con tecnología IP, como el servicio Imagenio. Transmitir vídeo requiere mucha más capacidad que la que se necesita para las fotos, y mucho más que para el texto.

Cuando el vídeo se convierta en el contenido preferente de Internet, las redes tendrán que redimensionarse o se colapsarán. Pero, como la televisión de alta definición –que transporta más información y requiere aún más capacidad– ya ha llegado a muchos países que el siguiente reto es la televisión en tres dimensiones, aún más voraz en cuanto a volumen de datos, el hambre de capacidad de la red no podrá ser saciada. La única solución es disponer de redes troncales cada vez más poderosas y redes de acceso –las que llegan hasta el domicilio– basadas en tendidos de fibra óptica, los únicos con un potencial casi ilimitado para elevar paulatinamente su capacidad.

Diagnóstico

Y aunque todos están de acuerdo en el diagnóstico, el enfrentamiento a la hora de encontrar la solución es total. Julio Linares, consejero delegado de Telefónica, cuantificó la inversión necesaria para que Europa se dote de una red capilar de fibra óptica en unos 250.000 millones de euros, un desembolso, que, al ritmo actual de inversión –de unos 12.500 millones anuales– llevaría veinte años. Evidentemente, Europa no se puede permitir un plazo tan largo, si pretende seguir entre los líderes de la tecnología y la productividad del mundo.

El problema es que el mercado hace difícil que sea rentable construir más de dos de estas redes en la mayor parte de los territorios, y en muchos sólo será viable una.

Y ahí nace el problema, un asunto del que puede depender nada menos que la supervivencia de muchos operadores, como se ha demostrado por la poco habitual crispación de los mensajes lanzados en Santander. Los operadores históricos en cada país, como Telefónica en España, están decididos a construir sus nuevas redes y a invertir lo que sea necesario.  Pero si les obligan a compartirlo regulatoriamente con sus rivales, el despliegue será más lento.

Mientras, los operadores alternativos como Orange o Jazztel, denuncian que impedirles usar también las nuevas redes del ex monopolio es una condena a muerte a medio plazo. La decisión sobre este dilema (inversión más rápida versus protección del nivel actual de competencia) está ahora en el tejado del regulador, la CMT. Pero por poco tiempo. En diciembre se renueva la mitad del consejo y para entonces ya quiere tener una decisión definitiva.